Por allá el 400 a.C cuando Atenas, Esparta y Persia eran las potencias del mundo conocido, y la cultura griega brillaba con luz propia, existía en Asia menor, en la zona montañosa comprendida mas o menos entre Armenia y el norte de la actual Iran ( vease mapa ), el país de los carducos. Eran estos un pueblo bárbaro y sanguinario que gustaban de mutilar y torturar a los prisioneros de guerra y si no eran de guerra también, los muy brutos. Combatir contra ellos era harto difícil, ya que procuraban llevar la lucha a las montañas donde vivían y no salían a campo abierto. Rehuían también el cuerpo a cuerpo, pues la tecnología defensiva de armaduras y corazas no era lo suyo. Utilizaban hondas, rocas y arcos. Y aquí es donde yo quería llegar. Paso a transcribir el texto incluido en el libro de Michael Curtis Ford "La Odisea de los Diez Mil" en el cual aparece la descripción los arcos carducos.
"....mientras el enemigo nos atacaba violentamente de cerca, no solo con las habituales hondas, piedras y rocas, sino también con unos arcos que no habíamos visto antes y que desmoralizaban incluso a los guerreros espartanos. Eran arcos reforzados, ya que a la pieza principal de fina y fuerte madera le pegaban en el "vientre"_ y con este término me refiero a la superficie que queda del lado del arquero cuando dispara_ una fina capa de cuerno con objeto de darle mayor dureza y resistencia. Lo mas importante, sin embargo, era la gruesa capa de tendón de buey o ciervo que fijaban a la parte exterior y que en el momento del lanzamiento, al estirarse y luego recuperar su forma original, daba al arma mayor elasticidad y potencia que el arco hecho solo de madera.
Estos arcos no eran solo poderosos, sino también enormes: altos como un hombre, para dispararlos el arquero debía apoyar un pie en el extremo inferior de la vara y extender el brazo casi por completo hacia atrás con el fin de tensar la cuerda. Las flechas eran tan largas como las jabalinas de los peltastas, y de hecho los cretenses, los mejores lanzadores de jabalinas del ejército heleno, guardaban todas las que encontraban y las usaban como tales, después de añadirles una presilla para pasar el dedo y lanzarlas mejor. Antes de reparar en el poder de aquella armas formidables, perdimos dos hombres: Leónimo, un espartano que murió después de que una de esas flechas atravesase su escudo de roble macizo y bronce, su coraza y sus costillas; y el arcadio Basias, quien ante la estupefacción y la congoja general fue alcanzado en el cráneo, y la mitad de la flecha salió por el otro lado de su cabeza, a pesar de que llevaba un pesado casco de bronce."
"....mientras el enemigo nos atacaba violentamente de cerca, no solo con las habituales hondas, piedras y rocas, sino también con unos arcos que no habíamos visto antes y que desmoralizaban incluso a los guerreros espartanos. Eran arcos reforzados, ya que a la pieza principal de fina y fuerte madera le pegaban en el "vientre"_ y con este término me refiero a la superficie que queda del lado del arquero cuando dispara_ una fina capa de cuerno con objeto de darle mayor dureza y resistencia. Lo mas importante, sin embargo, era la gruesa capa de tendón de buey o ciervo que fijaban a la parte exterior y que en el momento del lanzamiento, al estirarse y luego recuperar su forma original, daba al arma mayor elasticidad y potencia que el arco hecho solo de madera.
Estos arcos no eran solo poderosos, sino también enormes: altos como un hombre, para dispararlos el arquero debía apoyar un pie en el extremo inferior de la vara y extender el brazo casi por completo hacia atrás con el fin de tensar la cuerda. Las flechas eran tan largas como las jabalinas de los peltastas, y de hecho los cretenses, los mejores lanzadores de jabalinas del ejército heleno, guardaban todas las que encontraban y las usaban como tales, después de añadirles una presilla para pasar el dedo y lanzarlas mejor. Antes de reparar en el poder de aquella armas formidables, perdimos dos hombres: Leónimo, un espartano que murió después de que una de esas flechas atravesase su escudo de roble macizo y bronce, su coraza y sus costillas; y el arcadio Basias, quien ante la estupefacción y la congoja general fue alcanzado en el cráneo, y la mitad de la flecha salió por el otro lado de su cabeza, a pesar de que llevaba un pesado casco de bronce."


